Sal
flota en la brisa, en la risa
sabor de lágrima pegada
a la piel ya de por sí
salada
anegada
¡Soy yo! grito desde la roca que mira al mar.
Nada me responde,
no tiene porqué,
me fui, me olvidaron,
ahora sólo déjenme vivir,
respirar, sobrevivir.
He sudado mucho, demasiado,
nada me fue dado
si he vivido del arte
es porque en él mi vida he dejado,
exudado,
salado,
en la gota de sudor,
el pie cansado,
el cerebro desgajado.
Nadie puede decir
que le he robado el aliento
o la sonrisa
o el pan de su boca
o la ilusión
o caricia.
Al contrario,
he construido sueños ajenos
he formado nichos de paz
en este caos.
Ahora sólo quiero que me permitan un momento
para vivir
para sudar
para sonreír...
¿es mucho pedir?





