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  • CONDENA DEL LENGUAJE

    CONDENA DEL LENGUAJE
    Por: Isis Estrada Quintero.

    Al pueblo palestino de Gaza, tras el ataque israelí de diciembre 2008/enero 2009

    La venganza es una palabra muy grave,
    grave como la tristeza que impera en el ambiente,
    grave en su sonido, en su aspereza, en su crudeza,
    grave como el moribundo que ya no aguarda sino la muerte.

    ¿Quién se venga de ti, bebé palestino?
    Apenas tuviste tiempo para decir tus primeras palabras
    (las primordiales y por tanto más valiosas y bellas:
    mamá, papá, agua),
    no aprenderás más, dijiste lo suficiente, lo indispensable
    para durar ocho meses en este necio mundo,
    pero ahora yaces en un depósito de cadáveres
    esperando que te recoja alguien que no existe
    (si tu madre viviera no estarías aquí)
    esperando.

    Los políticos hablan, despliegan sus discursos de palabras muertas
    esqueletos de letras sin alma,
    cascarones del odio,
    lenguaje putrefacto del poder,
    bla bla bla de la muerte reseca.
    Palabras que ya no significan nada
    para una cabeza de niño,
    abandonada a mitad de la calle,
    cercenada por un misil
    (ya no mira, ya no escucha, ya no habla).

    El dolor es una palabra aguda, inmensa,
    agobiante, descomunal, pesada,
    que debilita la razón y el habla.
    Es punzada al corazón,
    es una flecha que te cierra la garganta.
    Es la huida final de la esperanza.
    Es vivir sin dios bueno, a expensas del hombre carnicero.
    Es mirada perdida ya sin lágrimas.
    Es peor que morir, es quedarse con vida en este averno.
    Eso vi en tus ojos, hombre palestino que entierras a tus muertos.

    Oírte hablar, primer ministro de Israel,
    me asquea, provoca que el habla humana me repugne,
    quisiera extirparme los oídos,
    volverme sorda a tus palabras deshabitadas.
    Me niego a atestiguar la voz humana
    legitimando la muerte de inocentes;
    reniego del lenguaje,
    aborrezco de él,
    no quiero escucharlo utilizado como un arma
    para segar vidas como se matan cucarachas.

    Sin compasión,
    de nada sirven las palabras cobijo, abrazo, hermano.
    Sin esperanza,
    van sobrando sustantivos: futuro, amanecer, existencia.
    Sin bondad,
    ¿qué se hace con las letras del vocablo “niño”?

    Para aprender a hablar, para proferir palabras,
    para decirnos algo los unos a los otros,
    hay que llenar el lenguaje con una pizca de alma.

    Si no, es el bramido de un mono
    vestido de traje y corbata
    detrás de la jaula…

  • ISIS ESTRADA QUINTERO (CURRICULUM VITAE)

    Lic. Isis Estrada Quintero
    Isis
    (Maestra de Danza, Coreógrafa y Escritora.)

    Isis Estrada Quintero, tiene estudios de Licenciatura en Danza en University of Minnesota. E.U.A. En dicha universidad estadounidense, recibió clases por parte de coreógrafos de vanguardia, de la talla de Ralph Lemon, Doug Varone, Douglas Nielsen, Ron Brown, Susan Marshall, etc. Durante su estancia en Minneapolis, fue también becada en tres ocasiones por Zenon Dance School and Company, de Minnesota, E.U.A. (1994-97). Actualmente es profesora miembro activo de dos organismos internacionales: The American Academy of Ballet (EUA) y la Escuela de Danza Española, de Madrid.

    A partir de los 5 años, ha cursado estudios de Danza Clásica en el sistema de The Royal Academy of Dancing, de Inglaterra (1975-88) y de Danza Jazz en el Estudio Profesional de Danza de Ema Pulido, en México, D.F., donde se le otorgó una mención honorífica por coreografía en el concurso "Super Jazz" (1992).

    Estrada ha desarrollado experiencia internacional como coreógrafa de los espectáculos Frida: coreodrama holista, Parallel Realities, No más Preguntas y A través de tu Cuerpo, así como de trabajos coreográficos para Teatro, los cuales han sido presentados en diversas instancias nacionales e internacionales, tales como: Weisman Art Museum, The Landmark Center, The Hennepin Center for the Arts, Augsburg College, Macalester College, (Minneapolis, USA); Noh-Space (San Franciso, USA); Cambridge Multicultural Center, (Boston, USA), Spanisches Kulturinstitut, (Munich, ALEMANIA); Teatro Mühle, (Augsburg, ALEMANIA); Stadhaus (Ulm, ALEMANIA), Teatro Vaidila? (Vilnius, LITUANIA); Teatro Labyrint (Praga, REPUBLICA CHECA); Universidad de las Américas-Puebla (Puebla, MEXICO); Museo Histórico Fuerte de San Diego (Acapulco, MEXICO). Fue becaria del FONCA, en Puebla, en el rubro de coreografía en el año 1999, año en el cual desarrolló su coreodrama "Nezahualcóyotl."

    Su experiencia como profesora de danza y teatro, a nivel superior: Instructora del Taller de Danza Jazz de la Universidad de las Amèricas-Puebla, de 1992-1993, y del mismo tipo de Danza en la Universidad Iberoamericana, plantel Golfo-Centro, de 1997-98. Profesora de actuación, en la Universidad Cuauhtémoc (Puebla) en 1997. Profesora en el Espacio Cultural Teyolía de 1998-2001. Profesora de tiempo completo en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, en la Licenciatura en Danza Moderna y Clásica, y en la Licenciatura de Arte Dramático.

    Estrada tiene más de 15 años de experiencia a nivel internacional, en el campo de la actuación. Con la Compañía de Teatro de la Universidad de las Américas-Puebla (1990-93), participando como actriz en más de 10 producciones y realizando giras por Cuba, Canadá, Francia y Bélgica. También, ha participado actuando en producciones profesionales en los Estados Unidos de América: la obra Frida: Beyond the Borders, producida en el Weisman Art Museum de Minnesota, y como actriz en diversas obras de la compañía Latina Teatro del Pueblo de Minnesota, E.U. Estrada impartió talleres de Actuación en la Universidad Cuauhtémoc (Puebla) en otoño de 1997.

    Su experiencia como Escritora. Literatura dramática: Dos obras de Teatro, recibiendo un premio como joven dramaturga (Many Voices Residency Award) en 1996, por parte de The Playwrights Center, de Minnesota, USA. Poesía: ha colaborado en los periódicos Novedades de Acapulco, El Sol de Acapulco, El Sol de Chilpancingo y Diario 17, así como con las revistas Acapulco Club y Presencia de 1986 a la fecha. Participó con su carta-poema Abrí un Espejo en el libro Hablan los Amorosos, homenaje a Jaime Sabines (Edit. Plaza y Janés, 1999). Otros libros: de Poesía, titulado Poemas Residuales, (Edit. Uruz, 2001) y de Poesía y narrativa: Crónicas Indigo (Edit. Uruz, 2007).

    http://www.sic.gob.mx/ficha.php?table=estimulo_feca&table_id=3876

    http://www.laterredecheznous.com/news/fullstory.php/aid/151/Ouvrir_de_nouveaux_horizons.html

    http://www.minimum.puslapiai.lt/mes_spaudoje/meksika_svajone.html

    http://de.scientificcommons.org/34219722

    http://www.escritores.org/blogs/e.htm

    http://video.lulu.com/content/2363042

    http://www.lulu.com/content/4463660

    http://www.turlg.ulg.ac.be/press/oaxaca2007.pdf - 242k

    http://www.consulsliege.be/site.php?page=activites&event=000083

    http://letraseideas.blog.com.es/2008/05/24/el-centro-cultural-universitario-uabjo-i-4214551/

  • Como en ese entonces...

    poesía

    COMO EN ESE ENTONCES

    Primero,
    recuerdo… sí…
    primero fuiste
    una vaga sensación en mis entrañas,
    como de sed o de lástima,
    eras simple y aguda,
    no te andabas con rodeos
    y apretabas con tu amplio puño
    mi delicado cuerpo;
    antes
    mucho antes
    de que cobraras sonidos o forma,
    y toda tu enmarañada sutileza.

    Antes sólo eras un golpe en el estómago
    y el temor certero de que algo extraño iba a pasar.

    Antes de poder escribir
    o siquiera balbucear
    eras pequeño caos que antecede a lo profundo,
    dolorosa certidumbre
    de que estar a solas era tenerte conmigo.

    Aleteando todas tus posibilidades
    en derredor de esa niña aterrada que yo era,
    llegabas,
    surgías de mi estómago,
    te desdoblabas en precoces amarguras.

    Entonces no había ni letras
    ni duendes
    ni resabios incógnitos de la belleza.
    Eras sólo
    un gemido austero
    dolorosamente pretérito
    inquietantemente placentero.

    Luego te desvanecías,
    me abandonabas a mi propio arbitrio
    entre una multitud de cosas que ya no me importaron.

    Sola pero repleta de ti,
    poesía,
    sola pero inundada,
    colmada de algo
    ingente
    que ya no tenía par en este mundo insustancial.

    Porque entonces no existías
    sino adentro de mi ser,
    por eso empecé a buscar el solemne aislamiento
    de tu presencia.

    Por eso aprendí a requerir,
    a necesitar,
    a exigir como un menesteroso
    todo el insoportable dolor de tu grandeza.

    Por eso quise aprender a deletrearte,
    a bosquejarte sin éxito
    a hilvanarte de esta realidad austera.

    No te encontraba
    poesía,
    no estabas
    en el ridículo esqueleto de la palabra,
    en el movimiento ensayadamente vacío,
    en la pueril gesticulación
    no estabas, no estabas,
    en la grotesca pierna al aire,
    en el tonto repetir de letanías,
    ni en los brincos ni en las vueltas,
    no estabas, no estabas,
    en la voz estentórea, ni en la inútil página.

    En mi escasez de ti,
    poesía,
    no me daba cuenta que los seres humanos
    somos sólo recipientes momentáneos,
    vasijas quebradizas de lo perpetuo.
    Que la poesía no se inventa
    no se reproduce ni muere
    no muere de inanición
    que la poesía no nos necesita,
    a nadie,
    ni a Homero, ni a Dante, ni a Sabines.

    Que los poetas todos fuimos, somos
    unos necios borrachos de poesía,
    beodos de lo eterno,
    escupiendo pedazos de belleza
    nos ganamos, dando tumbos, la pinche vida.

    Que somos un payaso repitiendo el mismo chiste,
    frenético, inconsolable,
    porque resulta hilarante divulgar a todos que existes,
    poesía,
    que no eres un espejismo ajeno,
    aunque todos los demás permanezcan
    callados o ciegos,
    dormidos o dementes,
    asustados o indigentes.

    Poesía,
    sigues siendo en mí, como en ese entonces,
    sólo un sordo dolor que me alimenta
    y una lágrima que moja mi sonrisa.

    Isis Estrada, copyright Dic. 16 2008.

  • CRONICAS INDIGO

    Estimados amigos y lectores, me complace compartir con ustedes la publicación de mi último libro titulado "Crónicas Índigo". En él se han recopilado poemas y relatos cuyo hilo conductor es la experiencia índigo: la consciencia de que somos seres sensibles, empáticos, energéticos... de que hemos venido a quebrar viejos esquemas... de que el mundo que nos merecemos es un mundo mejor.

     

    Los invito a leer una selección de páginas en el siguiente link, en el que también encontrarán información si desean adquirir el libro.

     

    http://www.lulu.com/content/4463660

     

    Un saludo fraternal,
    Isis Estrada Quintero.

    **************

    LA TARDE ES VIENTO

     

    La tarde es viento,

    agua clara del aire mojando ideas

    olas como rizos, marea que llega

    hasta el puerto seguro de una tristeza.

     

    Mi cuerpo cimbra como un árbol

    acariciado por fieras intemperies,

    aliento de los dioses recorriendo

    como estatua de arcilla, me erosiona el tiempo.

     

    Sola yo contra una ráfaga de sentimientos,

    ¿puedo ser recipiente para este viento?

    encerrar los suspiros,

    acaparar los soplos,

    ser abanico de sutiles, fútiles misterios.

     

    Cae un pedazo de aire sobre mis palmas,

    como pájaro herido que llega a su nido,

    aire exhalado en quizás ciertas palabras

    dulces: nuca, salto, boca, pestaña, niño.

     

    La tarde es una lucha de campanas

    que rebotan entre sí, escapando gritos;

    es un viento como fuego abrasando mi cara,

    es un duende jugando escondidillas

    con mi vestido.

     

     

    La tarde es tormenta de aire sobre este valle,

    serpentina invisible de una fiesta arcana,

    es el viento, exhalación del campo al terminar su faena,

    es la tarde, sombra deslizándose desde las montañas.

     

    La tarde es viento…

    es suspiro de Dios,

    y aroma de su pensamiento…

     

    (Isis Estrada Quintero, copyright 2008, Crónicas Indigo).

    Crónicas Índigo

  • Condenada a Muerte

    espejo

    “Entonces, así es como se ve un condenado a muerte” pensó Adriana al observar esa cara levemente demacrada, los ojos medio opacos y un cuerpo laxo, como globo desinflado. Intentó descubrir en la mirada, un algo más, alguna sombra dramática que presagiara el final cercano. O un rictus en la boca, una pequeña contracción de músculos que le acercara más a la expresión de un cadáver; algún temblor en las manos que presagiara un final inminente. Pero Adriana no encontró nada. Nada. “Seré la muerta más sana del cementerio”, se dijo mientras se quitaba la bata azul frente al espejo.

    Y Adriana salió de la clínica con su expediente bajo el brazo, como quien es despedido de la empresa de la vida. “Lucharemos” había dicho el médico, “haremos todo lo necesario para vencer a ese cáncer” y enseguida habló, casi sin respirar, de toda una serie de tratamientos, operaciones, sesiones, y esperanzas. “El cáncer debe estar riéndose, allá abajo, en mi culo” pensó Adriana al arrancar el coche. “Todos preparándonos para la batalla y él, con sus tácticas de guerrilla, propagándose a su antojo por mi cuerpo.”

    Adriana manejaba hacia su casa, cuando de pronto, se dio cuenta que la cercanía de la muerte no se percibe en cómo se observa uno; sino en cómo uno observa. “Entonces, así es como un condenado a muerte, ve”. Apeó el coche, y bajó en esa calle en medio de la ciudad. Se paró en medio de la acera, y simplemente observó: toda esa gente, yendo y viniendo de tantos lugares, algunos solos y otros en grupos, unos hablando y otros callados. Los perros callejeros, los puestos ambulantes, esa niña con su helado de vainilla, el señor pagando por su periódico, la anciana cargando su carrito del mandado, los jóvenes enamorados, todos, todos, yendo y viniendo sin cesar, sin detenerse a verla, a observarla a ella, que tan cerca estaba ya de la muerte, “¿no puedes llevar un recado al más allá?” no le dicen, “¿no te duele morir?” tampoco, y nadie se da cuenta porque no se le nota, no la perciben, todos pasan, todos siguen su camino. “Eso es lo más doloroso… que todos sigan su camino.”

    En casa, el asunto cayó como bomba, y de una manera breve y resumida se explicó el plan de guerra planteado por el médico. Su esposo y sus hijos, respondieron que sí, que harían un frente unido, se plantearon las fechas para las operaciones y tratamientos, y luego no se habló más del asunto. Eso también le sorprendió a Adriana. “Este es el silencio de los condenados a muerte”, pensó. “Este es el aislamiento, la soledad. No es necesario estar encerrado bajo siete candados en un calabozo.” Los días antes de la operación, fueron insoportables. Todos a su alrededor, intentaron crear un ambiente de “no pasa nada, todo es muy normal, no se hable una palabra de esto.” Sus amigos hablaban para saludar, pero evitaban el tema totalmente. Su hija mayor, pasaba por la casa, casi sin mirarla. Su hijo menor se encerraba toda la tarde en su cuarto, y su esposo, trabajó innecesarias horas extras. Todos en silencio, atentos al dolor propio, sufriendo en aislamiento, cuando ella lo que quería era un fuerte abrazo, un te necesito no te mueras, algún síntoma de lágrima o debilidad. Pero no. El cáncer se convirtió en un tema evitado en casa, como si al mencionarlo se estuviera invocando el nombre de un enemigo.

    Entonces vinieron la operación y los tratamientos. Le quitaron pedazos de recto e intestino y le pusieron tubos, agujas, gasas de drenaje y le engraparon la barriga. “Mi cuerpo es una zona de desastre” pero el sufrimiento estético no le importaba porque ahora sí había dolor, por dentro y por fuera, y en zonas en las que nunca sospechó que un dolor tan intenso se pudiera dar. Gente cercana, familiares y amigos, acudían a verla, y ella, entre el sopor ficticio de anestésicos y morfinas, sonreía apenas. Lo mejor de todo, era no tener que “hacerse la fuerte” como días antes, porque ya lo era, porque su cuerpo desesperado por sobrevivir le respondía con ataques de euforia, que a veces desahogaba soñando que era niña, y que corría sin freno por un campo de amapolas.

    Fue durante la etapa de radiaciones que lo escuchó por primera vez. Al regresar a casa de la octava sesión (la cual tuvo que ser pospuesta, pues las llagas de sus quemaduras no parecían dispuestas a cerrarse), lo percibió. Comenzó como un ruidito extraño, en la habitación contigua. Con trabajo se levantó del sofá y se acercó al marco de la puerta. Y por primera vez observó a su esposo sollozar, de espaldas y mirando a la ventana, en lo que él pensaba era un lamento silencioso. “Entonces… así es como se le llora a un condenado a muerte”, pensó ella, y se acercó a él, y con todo el dolor de sus llagas lo abrazó, lo apretó, y juntos lloraron el primer y último llanto, juntos sorbieron las lágrimas y se limpiaron los mocos, se miraron y se sonrieron con esa certeza simple del que se sabe amado.

    Ahora, Adriana se encuentra en un lugar totalmente distinto. Una calma la inunda mientras observa a esa mujer petrificada, sin brazos, sin cabeza. Esa estatua de piedra extendiendo sus alas, señalando con el pecho hacia delante. Mutilada y a la vez destilando poder, energía, victoria sobre los elementos de la vida o de la muerte.

    -¿Me he tardado, cariño? El baño estaba repleto con un grupo turístico de esos que van juntos hasta al W.C. -dice su marido, regresando a la escalinata del Museo de Louvre.

    Pero guarda silencio al observar a su esposa Adriana, parada en silencio junto a la Victoria de Samotracia, y al verla con su cabello encanecido y suelto, le parece hermosa, le parece grandiosa o más que la estatua, que es de piedra fuerte, mientras que su esposa es blanda, débil, vulnerable. Al tomar su mano siente la energía de la vida, de esa vida que por endeble y frágil se convierte en un milagro, en un regalo, en un segundo de amor que no se quiere dejar pasar.

    Adriana siente el beso en la mano, suave, tibio, y decide que ese segundo durará por siempre. “Por un momento así” piensa, “mi amado… me condenas a la vida”.

    Isis Estrada, derechos reservados. (Crónicas Indigo, 2008).

    victoria

  • Poema

    UN NUEVO DÍA

    Abro los ojos, extiendo mi mano
    para saber que estás a mi lado,
    en mi vida y en mi cama,
    en el pasado que mira desde las fotos sonrientes,
    en el recuerdo que observa desde cada objeto
    de esta recámara en la que existes, permaneces
    en cada olor a noche húmeda y vibrante,
    en la grieta desde la cual un futuro nos espera,
    sin ninguna prisa,´
    porque tendremos todo el tiempo del mundo
    para no alcanzarlo.

    Me gusta tu presente y el mío, que son el mismo,
    son el instante del encuentro sin espacio o tiempo
    porque tú vives mi existencia,
    mejor dicho la sufres,
    y yo permanezco aposentada en tu materia
    transito tus rincones mentales
    me instalo en cada centímetro de carne,
    inquilina de tu alma,
    soy en ti, te habito.

    Aquí ya estás, despiertas sin sobresaltos,
    emerges desde las aguas del sueño,
    y yo te amparo ahora como náufrago en el puerto;
    te recojo en esta orilla que suelen llamar
    “el mundo de la materia”
    y yo lo nombro el reino del dolor
    del egoísmo o el llanto.
    Te recibo al nuevo día con la única esperanza
    de un beso suave
    y el regalo inesperado del amor,
    esa humilde emoción
    que sentimos los poetas, los trovadores,
    los místicos, los perros,
    los malvados que aún recuerdan sus quimeras,
    los presidiarios que añoran a sus hijos,
    y el anciano que evoca incurable los ojos
    del amante ausente.

    Esta mañana te amo como el sol,
    con un amor brillante, inoportuno.
    Esta mañana me amas como el viento,
    me recorres, cálido, revolviendo emociones y sentidos.
    El futuro, que siga esperándonos que al fin y al cabo
    en el presente te amo, vibro… vivo.

    ***
    (Poemas Residuales, Segunda Edición)
    Derechos reservados, Isis Estrada Quintero © 2001.

    * Les invito a leer mi libro "Poemas Residuales", disponible para lectura completa gratuita en el siguiente link:

    http://www.lulu.com/content/2363042

  • OCEANICA

    El mar me reclama. Exige mi retorno. Oigo los gritos en sus olas, precipitándose en las rocas y repitiendo, como afirmación frenética, mi nombre. Yo sé cuál es mi sino. Aunque intentara negar la naturaleza de mi origen, la humedad de mi cuerpo me delata. El mar me reclama.

    En el momento de mi nacimiento, el trópico posó sus manos ardientes sobre mi cuerpo. Pero, más que burdas cicatrices, llevo el tatuaje de unos dedos que me llaman a pesar de la distancia, que se alargan hasta alcanzarme cuando menos lo espero, que se enroscan en mí con la firmeza de un dueño.

    Me alejé de la Costa buscando el motivo de mi existencia, pero finalmente descubro que no soy más que una niña-caracola, no soy más que un pez tirado a las faldas de un gélido volcán. Mi voz, es el eco de un murmullo de olas inquietas. Sólo soy una gaviota extraviada en cielos extraños.

    El mar me reclama; siento su grito pretérito, reventando en mis oídos con la energía de un mandato violento, exigiendo el retorno de la gota evaporada. ¿Quién soy yo, sin el atardecer enrojeciéndose en mis venas, sin la brisa humedeciéndome el aliento?

    Necesito fundirme entre las aguas, diluirme en el azul fuerte y salado, esparcirme entre la cálida corriente. Que el océano seduzca con sus besos de viento mi cabello, que mancille mi piel con su rayo ardiente.

    La vida no me pertenece, El mar me reclama. Ha quedado mi alma sometida entre la arena caliente. El espejo de lumbre de sus aguas ha atrapado mi imagen. ¿Qué soy yo en estos gélidos lugares? Un trozo oceánico perdido en cualquier parte, un cadáver invadido por el musgo, un pedazo de sol, que ya no arde.

    Isis Estrada Quintero, copyright 2001 (Poemas Residuales).

    acapulco1

    Foto de un atardecer en el paraíso de México: Acapulco

  • Un Atardecer

    Es simple, es simplemente un camino, me digo. Repito incesantemente que el hecho de estar aquí debe tener una razón, el porqué de algo, una decisión dictada por el destino. Trato de ser consecuente con mis creencias. Mientras, camino.

    Es terreno ignoto, no reconozco los guijarros, ni los arbustos. Una mujer citadina, criada entre ladrillos y semáforos, ¿qué puede estar haciendo o deshaciendo en este lugar de vacas y arroyo, de árboles y montes? Ya no camino, corro.

    Voy avanzando, deslizándome en pequeños acantilados, buscando, buscándome, tratando de llegar a la rivera del río que –dicen- conecta todos los pueblos de esta región. Subo a toda prisa las pequeñas laderas, no quiero ya escucharme, solamente sentir en cada pisada cómo agoto la distancia entre el yo y el llegar.

    El sol se agota, se extiende la noche, apoderándose de cada metro de este paraje, el cual ya no alcanzo a vislumbrar. Todo oscurece -¡mejor!-, prefiero escuchar solamente el resuello cansado de mis pulmones, resuello que a veces me recuerda el gemir de un animal herido. Aprieto el paso, y avanzo como bestia ciega esquivando árboles, sintiendo el rozar del espino, aplastando piedras, olfateando el camino.

    En la negrura nocturna, me difumino. Ya no corro, vuelo. No soy un cuerpo avanzando a tientas, soy una sombra, la sombra de mi ser, el rastro de una sombra. Ya no respiro, sino que ingresa en mí el aire, me alimento, me formo del aire, me convierto en viento. El fuelle de mis pulmones, cesa, y de mí sale el silencio, el silencio que domina la campiña, el silencio del secreto que se esconde en los peñascos, el silencio de la oscuridad, siniestro y perfecto.

    Y de pronto, esta sombra que vuela, alcanza el acantilado, y se lanza al vacío, sin preámbulos, sin vacilación ni misterio. Caigo en el húmedo abrazo del río, como un viejo amigo que me espera desde hace tiempo. Nos envolvemos, nos rodeamos, nos alcanzamos, nos reconocemos. Me desliza cuesta abajo, en su estruendoso llevar de agua y arena, espirales de espuma, piedra y cieno. Me deposita en la otra rivera, pero no importa, ya me ha contado todos tus secretos.

    Es el río que moja ciudades, campos, montañas, abrevaderos. No es de nadie, pero sirve a todos. Somos iguales. Decide su cauce. Somos simples y a la vez tan fuertes. Llega al que tiene sed, se entrega, se agota, se llueve. Lleva vida, purifica, deja que otros naveguen.

    Ya amanece.

    (Isis Estrada, copyright 2006).

    amanecer

  • LAS LAGRIMAS DE MI MADRE

    Madre, tus lágrimas son lluvia para esta mañana yerma,
    paño húmedo de un dolor sediento, interminable,
    gimes
    gimes tu soledad
    despiadadamente seca como este mediodía,
    dura y caliente roca,
    bajo tus pies, bajo tu vida,
    árida y yerma, como una letanía.

    Lloras mi ausencia, madre, como la de un muerto.
    Y sufres la partida de mi abuela, como a una desterrada.
    Quizá tu llanto tenga algo de verdad,
    pues la distancia la soporto, madre,
    la soporto como pesada losa,
    como si me enterraras en un pasado inmóvil,
    como si yo formara parte de una vida anterior,
    como si al mencionarme, te vistieras siempre de luto.
    Y a mi abuela, la sentimos apartada,
    perdida, extraviada en un silencio lejano,
    inapelable,
    sellada su presencia
    por ese exilio eterno, involuntario e irrevocable de la muerte.

    Mudas… y distantes,
    así estamos mi abuela y yo, en tu mente.
    Pero, estoy segura, siento
    que ambas compartimos el deseo inútil de tomar tu mano
    a pesar de la lejanía, a pesar del tiempo, y el sollozar silente.

    Compartimos el pequeño deseo, de que esta brisa de mayo
    abanicando tu cara
    sea el beso espectral que tu madre y tu hija
    te brindan
    secando tus lágrimas,
    disipando fronteras que no nos pertenecen.

    Ni la muerte, ni la distancia son nuestras.
    Nos apropiamos en cambio, del amor,
    de esa extraña fuerza que nos vuelve presentes
    como fantasmas de tu cotidianeidad,
    que hace brillar nuestros ojos en las fotografías inertes,
    que te lleva a escuchar mi voz en mis hojas de poemas,
    que nos convierte en sombras que rondan tu sonrisa,
    que nos transforma en espectros de los recuerdos bellos.

    Ni abuela ni yo, madre,
    estamos muertas o ausentes.
    Pues el amor es más fuerte que la distancia o la muerte.

    rosesingle

  • A TRAVES DE TU CUERPO

    A TRAVÉS DE TU CUERPO
    (1996)

    Este es mi legado
    Tómalo
    mi boca sólo sabe de palabras amargas
    Bébelas
    he visto caer a los míos y no quiero llorarlos.
    Quiero repetir sus palabras
    Cantarlas
    para que sobrevivan, para que no mueran muerte de olvido
    A través del tiempo.
    Quiero que sepas la verdad de tu pueblo,
    Grábatelo
    pues al final, la historia no la cuenta quien gana la guerra
    Memoria
    sino el que lleva la verdad en su cuerpo.
    Apréndelo
    con el primer llanto
    Repítelo
    con la bala mortal de la palabra
    Transmítelo
    con el cuchillo agudo de la mirada
    Grítalo
    con el trueno de tus pies descalzos chocando en la tierra
    Reclámalo
    con una voz fuerte, renovada
    Escríbelo
    con un hierro candente a tus espaldas
    Cuestiónalo
    necesidad de siglos que no escucha pretextos
    Demándalo
    con la prueba contundente de nuestros muertos
    Enséñalo
    para que nunca olvidemos sus cuerpos quebrados
    Exprésalo
    y que tu voz retumbe entre la niebla
    Dánzalo
    hasta agotar la frustración que te revienta
    Cántalo
    a través de tu cuerpo.

    (Isis Estrada Quintero).

Co-autores de este blog (1)
Psicólogos Acapulco
Psicólogo Carlos Robles Cruz . . . . . . . . . . . . . . (Maestría en Psicología, Lacrosse University, E.U.A.)
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